El silencio en la sala fue tan denso que se oyó el tintineo del reloj de pared. El juez, un hombre de mirada cansada pero íntegro, dictaminó a favor de doña Carmen. No solo anuló la cláusula abusiva, sino que abrió una investigación contra el notario y el heredero por falsedad.

—No me dé las gracias. Pague a sus vecinos el favor que le hicieron al declarar a su favor. Y si alguien vuelve a amenazarla con papeles raros, me llama antes de firmar nada.

Afuera, la tarde granadina teñía de oro las calles. Pilar Pavón sirvió un café solo, encendió una vela blanca (su pequeño ritual de cierre) y abrió el siguiente expediente. El mundo no se arreglaba con un caso, pero al menos ese rincón del mundo, por hoy, estaba en paz.

—Señor notario, ¿por qué redactó dos versiones del testamento si solo una fue notificada a mi clienta?

Claro, aquí tienes una historia corta sobre la abogada Pilar Pavón. Pilar Pavón ajustó las gafas de montura metálica sobre su nariz y observó la carpeta que descansaba sobre su escritorio de roble. El membrete decía: Caso 2047 – Familia Rivas . Llevaba tres semanas con el caso, y cada nueva prueba la sumergía en un pozo más profundo de indignación.

—Tanto así —respondió Pilar, y esbozó una sonrisa apenas perceptible—. No me gustan los lobos con toga.